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Ni crudo ni ultraprocesado: por qué la cocción a 70°C es la opción más segura

Categoría: Seguridad Alimentaria | Tiempo de lectura: 6 min

Si entras a cualquier foro de dueños de mascotas o grupo de Facebook sobre alimentación, vas a encontrar una guerra abierta entre dos bandos irreconciliables. Por un lado, están los defensores del alimento balanceado de toda la vida, que priorizan la comodidad y la supuesta seguridad sanitaria. Por el otro, están los entusiastas de la dieta BARF (acrónimo de Biologically Appropriate Raw Food), que defienden dar carne, huesos y vísceras completamente crudos, argumentando que así comen los lobos en la naturaleza.

El problema es que, como dueños responsables, muchas veces nos sentimos atrapados en el medio. El alimento balanceado nos genera desconfianza por sus procesos industriales extremos, pero la carne cruda nos da miedo por las bacterias y la manipulación en nuestra cocina. ¿No existe un punto medio? ¿No hay una forma de alimentar con ingredientes reales sin correr riesgos sanitarios?

La respuesta es sí, y se llama alimentación natural cocida. En Arda Pet Food hemos elegido este camino basándonos en la ciencia veterinaria, utilizando una técnica de precisión: la cocción controlada a 70°C. Hoy te explicamos por qué esta temperatura es el número mágico que combina lo mejor de la nutrición con la máxima seguridad.

El peligro de los extremos: Extrusión vs. Crudo

Para entender el valor de nuestra propuesta, primero hay que mirar qué pasa en los otros métodos. El alimento balanceado seco se produce mediante extrusión, un proceso que somete a los ingredientes a presiones brutales y temperaturas que pueden superar los 150°C. Este calor extremo no solo mata bacterias, sino que también desnaturaliza las proteínas y destruye la mayoría de las vitaminas naturales, lo que obliga a los fabricantes a rociar el producto final con vitaminas sintéticas para que tenga algún valor nutricional. Básicamente, es comida quemada y luego fortificada artificialmente.

En la vereda opuesta está la dieta cruda. Si bien nutricionalmente es superior al balanceado, conlleva riesgos bacteriológicos reales. La carne cruda puede contener patógenos como Salmonella, E. Coli o Listeria. Si bien el ácido estomacal de un perro sano suele neutralizarlos, el riesgo de contaminación cruzada en tu casa es alto. Si tenés niños pequeños o personas inmunodeprimidas, manipular carne cruda a diario y que tu perro te lama la cara después de comerla puede ser un riesgo innecesario.

La ciencia detrás de los 70 grados

En Arda no cocinamos a ojo. Seguimos un protocolo estricto diseñado por nuestra dirección veterinaria. Sugerimos para la cocción de la carne mantener un máximo de temperatura en 70°C. Esta cifra no es caprichosa, tiene una doble función vital.

Primero, cumple con el mínimo de seguridad para destruir bacterias. A partir de los 65°C, la gran mayoría de las bacterias patógenas mueren, garantizando que el alimento sea inocuo tanto para tu mascota como para tu familia al momento de servirlo.

Segundo, y aquí está la clave nutricional, establecemos ese límite como máximo para no perder nutrientes valiosos. Al no superar los 70°C, las proteínas mantienen su estructura biodisponible y las vitaminas termosensibles no se destruyen, como sí ocurre en la extrusión industrial. Es, en esencia, una pasteurización de la comida sólida: limpiamos lo malo, pero preservamos lo bueno.

Digestibilidad aumentada: Ayudando al estómago

Otro mito común es que los perros digieren mejor lo crudo. Si bien es cierto que son carnívoros, han evolucionado junto al ser humano durante miles de años, adaptando su sistema digestivo. Muchos perros hoy en día, especialmente aquellos con estómagos sensibles o que vienen de años de comer balanceado, tienen dificultades para procesar huesos y carnes crudas.

La cocción suave actúa como una pre-digestión. Al cocinar los ingredientes, rompemos ciertas fibras y estructuras celulares que facilitan enormemente la tarea del estómago y el intestino. Esto es particularmente importante en el caso de los vegetales. En nuestras recetas, las verduras deben cocinarse bien, al máximo punto sin deshacerse, para aumentar su digestibilidad. Un perro no puede digerir una zanahoria cruda entera eficientemente; pero al cocinarla al vapor o hervida, puede absorber toda su fibra y betacarotenos.

Seguridad sin químicos

Lo más importante de este método es que logramos seguridad alimentaria sin necesidad de conservantes. La industria del balanceado necesita químicos potentes (BHA, BHT) para que la grasa de la croqueta no se ponga rancia durante meses a temperatura ambiente.

Nosotros logramos la conservación mediante la temperatura: cocinamos para matar bacterias, envasamos al vacío para evitar la oxidación y congelamos para detener el tiempo. Es la forma más antigua y natural de preservar alimentos. Cuando descongelás una vianda de Arda, estás sirviendo comida fresca que ha mantenido sus propiedades intactas desde el momento de la cocción.

El veredicto final

No tenés que elegir entre una "galleta inerte" o un "trozo de carne riesgoso". La alimentación natural cocida a baja temperatura representa la evolución de la nutrición para mascotas. Nos permite ofrecer ingredientes de grado humano, llenos de vida y color, pero con la tranquilidad de saber que cada bocado es seguro.

En Arda Pet Food cocinamos al horno, a la plancha o al vapor, cuidando cada grado de temperatura porque sabemos que ahí radica el equilibrio perfecto entre salud, sabor y seguridad. Es comida real, hecha con la responsabilidad de un laboratorio y el amor de una cocina casera.

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